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Juego Vil (Sonetillo)

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[Fuente](https://pixabay.com/es/illustrations/casal-historia-de-amor-amor-2780962/)

 
 

Siento tu esencia lejana,
ya no vuelas a mi lado
tus abrazos son helados
y tu pasión se desgrana.

Esa actitud inhumana
me hace un paria abandonado
un beodo desgraciado
preso por una truhana.

Juegas al amor con trampa
cual desalmado verdugo
que sin piedad me degolla.

Cual pavo de fina estampa
alardeas mi subyugo
a tu desamor que arrolla.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El sonetillo es un Soneto con versos de arte menor. Es una forma poética poco frecuente en la literatura castellana y su auge ocurre en la época modernista.

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Petacas de guerra (Vida personal)

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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/cometa-papalote-ni%C3%B1o-altura-juego-1560242/)

 

En la Maracaibo de finales de los 60 y comienzos de los 70, los niños y adolescentes teníamos temporadas de juegos, algo así como estaciones de entretenimiento donde nos reuníamos, incluso con los de otros sectores o barrios para demostrar nuestras habilidades en los diversos juegos tradicionales en los que competíamos.

De tal modo que existía una para jugar bolitas o metras, otra para trompo, para juego del Zulia, para emboque y para petacas, solo por nombras algunas, y de esta última voy a escribirles.

Una buena petaca se sustentaba en una buena construcción de la misma con materiales de primera y eso no significaba que fueran caros, porque lo bueno de ese entonces estaba en que el dinero no era quien mandaba sino la creatividad, de tal modo que las varillas de coco eran las que mejor resistían la fuerza del viento y cuando no había dinero para el almidón que se usaba para pegar el papel entonces acudíamos a las matas de caujaro, cuyas frutas ofrecían una pega resistente.

Los viejos trapos y la ropa inservible, que ya no podían ser recicladas por nuestras madres y abuelas, nos servían para las largas colas que permitían el equilibrio de la petaca en el aire y que igualmente servían para esconderles hojillas de afeitar doble filo, que ejercían el papel de silenciosos atacantes contra nuestros malos competidores, esos que no jugaban limpio o querían ejercer un liderazgo en nuestro terreno.

Era todo un arte el cortar la cuerda del contrario a gran altura, se debía tener un control perfecto para que la acción pasara desapercibida, porque de ser descubiertos ya la guerra no solo se libraría en el aire sino con los puños en tierra y en muchos casos los contrincantes tenían mayor envergadura que nosotros.

En ese entonces el viento no tenía edificios que lo detuvieran y era común que las cuerdas se rompieran, por eso muchos usaban curricán o pita que era más resistente pero que igual con los continuos viajes y el roce al enrollarla y transportarla perdían su fiabilidad, también la fabricación influía en el colapso del artefacto, por lo tanto era común que las petacas fueran presa del viento, de tal manera que hacer bien el trabajo de cortarlas era una travesura o maldad común en algunos.

De hecho en ese entonces las petacas ganaban altura rápidamente y ejercían una presión tan fuerte que muchos acabábamos con la piel de las manos cortadas.

En las competencias organizadas, que eran comunes, los jurados hacían minuciosas revisiones de las petacas, para evitar el ventajismo y no solo ponían atención a las colas con sus armas sino también a otros detalles que las hicieran no cumplir con las normas establecidas previamente.

Si mi memoria no falla los meses de este juego eran agosto y septiembre, que al coincidir con las vacaciones escolares arrastraban muchos jóvenes al arte de volar a través de sus creaciones de múltiples modelos y formas, las más ruidosas las llamadas fugas.

Las petacas de guerra como las bauticé en mi época adolescentes eran como los aviones de las guerras mundiales, de tal modo que habían muchos barones rojos, expertos en ellas y también eran responsables de muchos llantos y rabias por la pérdida del aparato, también de muchas peleas y batallas campales donde hubo dientes rotos y raspones en manos y piernas.

Para quienes vivimos es época, más allá de lo que pudo ser malo o no conveniente, podemos estar felices de una niñez y adolescencia repleta de momentos ingenuos y felices, en una ciudad que no anhelaba ser metrópolis y unos habitantes que se sentían orgullosos de ser parte de ella.

 
 

Nota: En el dialecto maracucho, hablado en el Estado Zulia, Venezuela, la palabra Petaca, identifica lo que en otras regiones y paises llaman, Papagayo, Volantin, Papalote,, etc.