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Desmitificar la historia (Historia)

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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/maracaibo-venezuela-san-sebasti%C3%A1n-140591/)

 

Hay dos frases que sintetizan el valor de la historia escrita que dan un amplio margen a la duda que la misma en sí recoja fielmente los acontecimientos que narra y como cosa curiosa pertenecen a dos líderes con visiones diferentes de la política y del diario vivir. El inglés Winston Churchill y el ruso Vladimir Lenin.

El primero escribió y dijo: “La historia la escriben los vencedores” una confesión a la conveniencia que a través del poder manipulado por los textos hace llegar al lector la historia sesgada y narrada de acontecimientos vistos a través del ojo de quien logró vencer y de esta manera ganarse el derecho a contar el cuento como le plazca.

Por tal razón cuando el vencedor resulta vencido le toca al nuevo triunfador reescribir para que los hechos se perpetúen de la forma que le parezca conveniente. Esto a simple vista nos demuestra que lo escrito tienen cientos, miles o millones de versiones que gracias a la oralidad y a la escritura se mantienen latentes y emergen a través de personas que rompen el paradigma de aceptar que lo que ocurrió es lo que se ha popularizado.

Hablar puntualmente de la historia de América es reafirmar las palabras del inglés con un ingrediente extra, el vencido nunca tuvo la oportunidad de escribir su versión porque fue exterminado o su idioma fue considerado inapropiado y místico para poder transformarse en parte de alguna historia, sin embargo, por esas paradojas del destino, no se perdió totalmente y enmarcado dentro del marco del mito o la leyenda ha ido emergiendo desbaratando tímidamente lo que el vencedor plasmó, perpetuó y enseñó a los descendientes.

De tal forma que han ido cobrando vigencia como hechos históricos muchos jeroglíficos, curioso nombre dado al lenguaje pictórico de nuestros ancestros originarios y cuentos orales que aunque con el tiempo se han desfigurado mantienen la esencia que el buen científico puede extraer, una suerte de ADN que la tecnología emulando a la ficción del “Parque Jurasico” ha logrado introducir como una mancha que envilece lo que supuestamente es puro.

Vladimir Lenín dijo y escribió “Una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad” y sin dudas con esto desnudó lo que anteriormente he señalado, porque una historia conveniente es una mentira, una media verdad pero que repetida por siglos se ha transformado en una grande.

Los invasores de nuestro territorio, de quienes somos predecesores, sin tener una historia oficial de quienes exterminó transformaron la suya en la única, aunque con el pasar de los siglos, esa se diversificó y se transformó en un monstruo de mil cabezas que ha servido para interés de todo tipo a la hora de ideologizar a quienes han heredado las tierras de sus ancestros invasores y sobre todo a quienes han aceptado repetir, como loros bien entrenados, las “verdades” falsificadas de lo que ha ocurrido a los largo de la historia.

La de nuestro país y región no ha escapado a esto y como magos que desaparecen conejos en los sombreros, muchos “historiadores” han logrado inventar, esconder, transformar y hasta transportar la realidad de hechos y acontecimientos que son parte de ese transitar por la vida y plagar los textos de visiones especulares que son imposibles de ser enderezadas sin poseer el contrapeso de la realidad.

De tal forma que paseamos por fundaciones, héroes indígenas, batallas, personajes, lugares, sentimientos y hasta territorios que cumplen fielmente con las dos frases con las que inicié este escrito.

No me toca a mí acusar o señalar puntualmente a alguien porque los métodos con los que se han insertado, tal vez en algún momento poseyeron buenas intenciones, pero tampoco debo callar ante lo que considero, al leer muchas de las otras partes de la realidad de los vencidos, falsificaciones que obnubilan la verdad.

He tomado once puntos de la historia regional para mostrar el otro lado, el que no fue escrito por los vencedores, el que gracias a decir la mentira miles de veces pasó a ser la victima de esta, pero logró sobrevivir para que otros, al igual que yo puedan también mostrarla.

Desmitificar la historia no es un simple ejercicio de elucubración ni una mea culpa ajena por mostrar lo que la propia lógica, desprendida de estímulos que la manipulen, es capaz de mostrarnos. Es el simple resultado de traer la “otra historia” para confrontarla con la “oficial” y basado en fuentes igualmente validas darle al lector la opción de escoger o de aplicar su discernimiento en los hechos planteados.

 

Introducción de mi libro «Desmitificando la historia de Maracaibo»