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A tus cuarenta (Poema)

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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/sonrisa-el-vestido-de-lunares-3949651/)

 

A tus cuarenta
no envidias nada a los veinte,
tu nombre te define,
tu inteligencia trasciende,
obviando la cronología,
los años venideros
y deja en ti, como el vino,
el sabor supremo
de ser cada vez mejor
en tu rol de mujer,
amiga, madre y amante.

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Desde que no estás (Gacela)

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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/arquitectura-viajar-adentro-ligero-3125464/)

 

Desde que no estás la vida es lenta
el tiempo es una espada harapienta
que de manera cruel me asesina.
Soledad que a diario se alimenta
con las penas que nos acongojan,
desesperanzas que se presentan.

 
Desde que no estás ya no soy nada
la locura se fue y nada inventa
soy los restos de un alma que pena
la moribunda pasión sedienta
que fallece sigilosamente
infectada de ilusión sangrienta.

 
 

La gacela es una forma poética introducida por el poeta González Prada, la misma consta de diez o doce versos que pueden ser octosílabos o de mayor longitud métrica, sus dos primeros versos deben rimar de manera consonante y así sucesivamente todo el resto de los versos pares. Los demás versos carecen de rima.

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Arte Bizantino (Cuentochip)

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[Source](https://pixabay.com/es/photos/la-asunci%C3%B3n-de-la-virgen-mar%C3%ADa-2191751/)

 

No tiene dudas sobre la procedencia de la pintura que el taciturno artista le presenta para engalanar las paredes del museo.

Es un arte bizantino que deslumbra por la riqueza de sus colores.

Según su curador puede proceder de Constantinopla y haber estado guardado celosamente por algún contrabandista de tesoros, pero hay un detalle significativo, no tiene firma de autor.

Duda en adquirirlo pero la insistencia de su empleado de confianza terminan por convencerlo.

Al final el creativo joven pintor y el curador celebran su estafa con unos tragos, lo mismo hace el timado creyendo haber hecho un gran negocio.

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Soneto a la madrugada (Poema)


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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/invierno-ciudad-silencio-fr%C3%ADo-2841354/)

 

Amante furtiva de lerdas horas
ladrona del sueño que nos abraza
musa de inspiraciones que nos trazan
los simientes profundos de la aurora.

 
En tus minutos cabalgan y moran
deseos que en las sombras se disfrazan
y con la luz del alba desenlazan
las penas que los corazones lloran

 
Eres inmarcesible y efímera
amor de Venus, sagrado y obsceno
que rompe los esquemas de la vida.

 
Soplo de brisa que apaga lumbreras
y enciende ideas, que como veneno
avivan ansiedades prohibidas

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Desde la distancia del tiempo (Prosa poética)


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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/contemplaci%C3%B3n-3864457/)

 

La brevedad de lo transitado nos va dejando vivencias, que como capsulas viajeras, se esconden en nuestras neuronas, y como haz de luces, juegan a reflejarse cuando menos lo esperamos, haciéndose imprevistas, alegres, dolorosas o simplemente presentes.

Esa magia de ser trotamundos de la distancia del tiempo en la cual vamos dejando huellas, nos transforma en desconocidos consuetudinarios de momentos que reflejan segundos que en la conveniencia del instante, cual prestidigitadores, vamos escondiendo.

Ese beso robado del amor que creíamos sería eterno y resultó ser una quimera, el despertar de la adolescencia que nos robó la ingenuidad, las metas no alcanzadas o los triunfos inesperados, el adiós de quienes van marchando a otros planos existenciales, dejando sus saberes en nuestros corazones, la desesperanza o ilusión que nos trajo el amanecer o sencillamente los olores que como naves interestelares nos teletransportan a puntos donde deseamos regresar, son apenas minúsculos cuark que conforman los recuerdos.

Somos un abanico de emociones que pendulan, de acuerdo a factores circunstanciales y actúan, mayormente de forma impulsiva, produciendo acciones que en ocasiones nos identifican y en otras nos alejan de nuestra verdadera personalidad, alfa y omega, Jekyll y Hydell, luz y sombra, de las cuales estamos estructurados.

En esa equidistancia donde somos, a ratos, espejos convergentes o divergentes, vivimos como polizones que se han robado las musas, emborrachándolas, y piden rescate a las neuronas para devolverlas o matarlas, poniendo fin a la cordura.

Desde la distancia del tiempo vamos recorriendo un trecho finito, en ocasiones arcaico, dependiendo del tiempo que hemos sobrevivido, de las experiencias que como libros, se han ido apilando y luchan por ser leídos aunque no se alcance a hojear a muchos.

La cronología va dejando limitaciones que se transforman en frustraciones cuando no son manipuladas como es debido, una bomba que se detona y causa daños irreparables que pueden activar los extremos de la locura y borrar el pasado, quien ha sido declarado culpable y ha sido condenado, por traer al presente cosas indebidas.

Todo se mimetiza en la piel que como el otoño va sintiendo los embates de las estaciones y los olvidos se hacen saetas presentes que retan, cual osados gladiadores, a las remembranzas que cabalgan enarbolando la libertad de resurgir, cual ave fénix, de las cenizas del pasado.

Desde la distancia del tiempo vivir es una película de todos los géneros, donde somos protagonistas omniscientes de los hechos que en ella ocurren y a la vez espectadores silentes y meditabundos que desconocen escenas donde aparecen y el final de la misma.

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Mirando pa San Felipe (Expresiones maracuchas)

![San Felipe Nery.jpg](https://cdn.steemitimages.com/DQmZZoWf7md57mJrnHzxAg34tr9ViYyfgRjtB8rJYKpFbJc/San%20Felipe%20Nery.jpg)
[Fuente](https://twitter.com/mcbo_vos/status/868048336103903233)

Esta expresión, muy popular, es de vieja data en nuestro dialecto, nada tiene que ver con la ciudad del mismo nombre sino con el Templo de San Felipe Nery situado en el Saladillo.

Existen varias versiones acerca del origen de la misma, unas dicen que la gente miraba para el templo para orar ante alguna necesidad, otros que quedar mirando es sinónimo de quedar sin nada y la más vieja habla que la misma nació en el Saladillo de comienzos del siglo XX cuando una dama que vivía frente al templo y que llevaba por nombre Elvira de Jesús García fue dejada plantada, vestida de novia, por su novio y la misma pasó gran parte de su vida, que duró más de cien años, mirando al templo a través de su ventana.

Según parece la frase inicial era “Te quedasteis como Elvira, mirando pa San Felipe” como sinónimo de quedar sin nada, pero con el tiempo el nombre de la dama desapareció. Sin embargo todas parecen estar erradas ya que José Domingo Medrano la menciona en sus “Apuntaciones para la crítica del lenguaje Maracaibero” que fue impreso a finales del siglo 19, por lo que de ser cierta la historia de la dama esta debió vivir en el siglo 19 o antes.

Igualmente hay variantes como “dejar mirando” que significa dejar embarcado o sin ninguna propiedad, objeto o dinero. “Me quede mirando pa San Felipe por confiao”“Me dejaste mirando pa San Felipe”

 
 

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El maracucho es el dialecto que se habla en el hoy Estado Zulia en Venezuela, pero que igualmente forma parte de las formas de hablar de los territorios que antes pertenecieron a la Provincia de Maracaibo, parte de la Capitanía General de Venezuela.

Tiene raíces de los dialectos canarios y andaluces, combinados con otras formas de hablar y sumado a la inventiva y creatividad local que no solo ha creado palabras sino también neologismos producidos por diversos factores, el mas importante de estos la homofonía.

 

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Nota: Este contenido forma parte de mi libro «Maracucholario» y se encuentra igualmente publicado en el blog del mismo en www.maracucholario.blogspot.com

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El pendriver


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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/pendrive-memoria-memoria-usb-usb-339717/)

 

I

 

El pequeño dispositivo que encontró enterrado en la orilla de la playa el domingo pasado, mientras compartía con sus hijos y esposa, tiene todas las características de ser un Pen Driver; con entrada USB, aunque su recubrimiento exterior es completamente sólido y brillante, de un material que supone es acero, pero tiene sus dudas.

Ahora en la tranquilidad de su cuarto situado en el segundo piso, aprovechando una visita de su cónyuge a unos amigos lo saca de su maletín y lo observa.

Parece sellado completamente.

Le llama la atención su peso extremadamente liviano y que mientras lo limpia cuidadosa y exhaustivamente, nota que este no posee ningún tipo de inscripción ni marca de fabricante.

Enciende el computador y se propone a salir de dudas acerca del contenido del objeto encontrado y a que este funcione, dado el lugar encontrado.

Se pone cómodo y con el corazón latiendo aceleradamente lo introduce en el puerto requerido y espera que el sistema operativo le advierta haberlo reconocido, pero no ocurre y algo desilusionado ante esto, se dispone a retirarlo, pero un zumbido agudo le detiene.

La pantalla del monitor parpadea, luego se apaga y enciende enseguida y cuando esto ocurre unos extraños símbolos que cambian en fracciones de segundos lo inmovilizan.

El Pen ha cambiado de color y es ahora rojo.

La atmósfera del cuarto se torna enrarecida y su adrenalina se desboca y le advierte sobre algún peligro.

Intenta retirar el dispositivo del puerto, pero sus dedos se queman con el calor que produce este, lo que le confirma que lo que ocurre no es a consecuencia de algún virus informático.

Tras algunos minutos de jeroglíficos el zumbido se acalla y la pantalla toma un color celeste que en microsegundos, en forma de un haz de luz, lo deja ciego, Al mismo tiempo va proyectándose en todas las direcciones y engullendo lentamente todo.

Luego llega el silencio y cuando puede abrir los ojos, sorprendido ve todo en el mismo sitio, solo el Pen ha desaparecido y la computadora se encuentra apagada.

Su corazón está a punto de estallar.

Se levanta y va hasta el balcón a tomar aire para calmarse y queda paralizado.

Lo único que no ha cambiado es su cuarto pero se encuentra en otro lugar.

Las calles, casas y edificios que ve no son los de sus vecinos.

Un enjambre de preguntas aguijonea sus neuronas y un esfuerzo titánico de autocontrol le impide caer en pánico.

Corre hacia la computadora y la enciende.

Un mensaje de «Insert disk boot» le informa que esta ha perdido el sistema operativo.

Suspira desilusionado y detenidamente va observando cada objeto del cuarto, buscando tal vez algo que le despierte alguna forma de explicar la situación, pero todo está pulcramente en el lugar exacto.

La única lógica posible es que se encuentre inmerso en un sueño y que nada haya ocurrido realmente.

Se golpea fuertemente los pómulos con las plantas de las manos buscando despertarse.

Nada.

Todo sigue igual.

Hace mentalmente un análisis de lo ocurrido.

Nada se le ha olvidado aparentemente.

Solo por unos segundos o tal vez un minuto no pudo ver lo que ocurría.

Fue en ese momento en que todo cambió.

Sus pensamientos se desbocan buscando una explicación que rebasa lo lógico y se interna en la fantasía.

«¿El Pen le produjo un viaje espacio-tiempo, con transportación molecular?»

Se levanta renuente a creer en los mil y un argumentos posibles que cruzan por su mente, que parecen más el reflejo de una trama de novela de ciencia ficción que la realidad.

Para él, la lógica siempre ha estado más allá de las especulaciones.

Va al baño, abre la ducha y se moja la cabeza completamente.

Está en un estado de shock pasivo.

Se siente atrapado, confundido, maniatado.

Un nudo parece habitar en su garganta y una sensación de impotencia va haciéndose presente.

El cuarto ocupa toda la parte superior de la casa.

Decide enfrentar sus miedos y va hasta la puerta de entrada de la habitación que la comunica con las escaleras y con la planta baja de la casa.

Espera encontrarlo todo normal dentro de lo que ahora es, o sea, tal cual como estaba aunque en otro lugar.

Pero las sorpresas aún no han acabado.

Al abrirla se encuentra con una escalera que da a un patio trasero con suelo de césped verde y algunos árboles de jardín a los lados.

Como tocado por una descarga eléctrica en un acto impulsivo la cierra violentamente.

Unas gotas de sudor le resbalan por la frente y se percata que bajo la ropa suda copiosamente, como si una bajada de presión arterial estuviera haciendo acto de presencia.

Camina hasta la cama y se sienta en ella, colocando el rostro entre sus manos abiertas.

Tiene ganas de llorar, de dar gritos furiosos porque no comprende nada de lo que ocurre.

Entonces se percata de un detalle.

Está anocheciendo y apenas unos minutos antes, cuando todo comenzó era de mañana.

Es un indicativo que su viaje de segundos, si se puede llamar así consumió un día, por lo que debe encontrarse en el lado opuesto de la tierra.

«¿Está en la tierra?»

Todo indica que así es, incluso desde la cama cree ver el cielo enrojecido que va dando paso a la noche.

Toma el auricular del teléfono pero desilusionadamente se da cuenta que no hay tono, es un adorno como deben serlo muchas cosas de las que se encuentran allí, un escenario de teatro fabricado idéntico a su cuarto.

¿Quine puede poseer con exactitud tantos detalles del mismo?

Decide ducharse completamente, resignado a incomprenderlo todo y a conformarse que tendrá que responderse muchas preguntas en las próximas horas.

Sale chorreando agua y se lanza al colchón.

Fija los ojos en el techo de la habitación, con la mente ahora en blanco, en un estado parecido al resetear de la computadora.

A los pocos minutos el sueño lo vence y envuelto en la toalla descansa.

 

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Nota: Este es el Capitulo 1 de mi novela «Proyecto Genesis», publicada en Amazon.

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Mujer de Sal (Poema) (Estrofas finales)

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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/%C3%A1rbol-swing-dama-mujer-ni%C3%B1a-3151608/)

 

Emerge tu recuerdo en la noche callada.
Escucho tu voz atravesar los edificios
y perderse por las calles llenas de noctámbulos.
Las nubes dejan caer sus lágrimas al piso
e imagino tu mano recorriéndome todo.
Rumor de pasos que se han ido diluyendo
por una espera larga e infructuosa
que ha asesinado los ratos buenos del pasado.

 
Todo es lejanía, ya no espero tu vuelta,
me conformo con imaginarte como eras.
Aun arde en mi pecho la huella de tu pezón,
punto culminante de tus senos redondos,
y acaricia mi pantorrilla tu muslo blanco,
hurtado en el Olimpo a alguno de sus dioses.
Palpita la carne al recordar tus gemidos
e invádeme el escalofrío de tu goce.

 
Has dejado de serlo todo para ser una cosa.
Mujer enamorada que quemó sus alas de cera
para conocer el placer supremo de la carne,
que murió unos meses para entregarse
y que arrastró en su corriente atormentada
el alma del hombre que sabia la adoraba.
Sacrificio que al consumarse dejó a un lado
el mundo, lo real, para ser naturaleza.

 
Metamorfosis de formas a las que completamente
nos fuimos adaptando y experimentando.
Tu fuiste la arena y yo el mar bravío,
Tú robaste de las flores su polen dulzineo
y al sol su luz y de ella su energía,
yo fui colibrí que extraje de ti todo
y acumulador que absorbió tu fuerza.
Y sobre todo fuiste mujer y yo hombre.

 
Ha quedado tu recuerdo firme en la noche,
tus pasos se han ido borrando de la playa.
Amor fugaz que luchó por ser perenne,
Mujer de Sal que diluyose con el trópico.
Pajarillo que al ser alcanzado por el dardo
de Cupido temió que el amor lo destruyera
Y voló errante buscando en otra dimensión
calmar el ímpetu de sus próximos años.

 
 

Nota: Este es la estrofa final del poema «Mujer de Sal» que está compuesto de 5 partes de 5 estrofas de ocho versos.

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Juego Vil (Sonetillo)

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[Fuente](https://pixabay.com/es/illustrations/casal-historia-de-amor-amor-2780962/)

 
 

Siento tu esencia lejana,
ya no vuelas a mi lado
tus abrazos son helados
y tu pasión se desgrana.

Esa actitud inhumana
me hace un paria abandonado
un beodo desgraciado
preso por una truhana.

Juegas al amor con trampa
cual desalmado verdugo
que sin piedad me degolla.

Cual pavo de fina estampa
alardeas mi subyugo
a tu desamor que arrolla.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El sonetillo es un Soneto con versos de arte menor. Es una forma poética poco frecuente en la literatura castellana y su auge ocurre en la época modernista.

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Petacas de guerra (Vida personal)

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[Fuente](https://pixabay.com/es/photos/cometa-papalote-ni%C3%B1o-altura-juego-1560242/)

 

En la Maracaibo de finales de los 60 y comienzos de los 70, los niños y adolescentes teníamos temporadas de juegos, algo así como estaciones de entretenimiento donde nos reuníamos, incluso con los de otros sectores o barrios para demostrar nuestras habilidades en los diversos juegos tradicionales en los que competíamos.

De tal modo que existía una para jugar bolitas o metras, otra para trompo, para juego del Zulia, para emboque y para petacas, solo por nombras algunas, y de esta última voy a escribirles.

Una buena petaca se sustentaba en una buena construcción de la misma con materiales de primera y eso no significaba que fueran caros, porque lo bueno de ese entonces estaba en que el dinero no era quien mandaba sino la creatividad, de tal modo que las varillas de coco eran las que mejor resistían la fuerza del viento y cuando no había dinero para el almidón que se usaba para pegar el papel entonces acudíamos a las matas de caujaro, cuyas frutas ofrecían una pega resistente.

Los viejos trapos y la ropa inservible, que ya no podían ser recicladas por nuestras madres y abuelas, nos servían para las largas colas que permitían el equilibrio de la petaca en el aire y que igualmente servían para esconderles hojillas de afeitar doble filo, que ejercían el papel de silenciosos atacantes contra nuestros malos competidores, esos que no jugaban limpio o querían ejercer un liderazgo en nuestro terreno.

Era todo un arte el cortar la cuerda del contrario a gran altura, se debía tener un control perfecto para que la acción pasara desapercibida, porque de ser descubiertos ya la guerra no solo se libraría en el aire sino con los puños en tierra y en muchos casos los contrincantes tenían mayor envergadura que nosotros.

En ese entonces el viento no tenía edificios que lo detuvieran y era común que las cuerdas se rompieran, por eso muchos usaban curricán o pita que era más resistente pero que igual con los continuos viajes y el roce al enrollarla y transportarla perdían su fiabilidad, también la fabricación influía en el colapso del artefacto, por lo tanto era común que las petacas fueran presa del viento, de tal manera que hacer bien el trabajo de cortarlas era una travesura o maldad común en algunos.

De hecho en ese entonces las petacas ganaban altura rápidamente y ejercían una presión tan fuerte que muchos acabábamos con la piel de las manos cortadas.

En las competencias organizadas, que eran comunes, los jurados hacían minuciosas revisiones de las petacas, para evitar el ventajismo y no solo ponían atención a las colas con sus armas sino también a otros detalles que las hicieran no cumplir con las normas establecidas previamente.

Si mi memoria no falla los meses de este juego eran agosto y septiembre, que al coincidir con las vacaciones escolares arrastraban muchos jóvenes al arte de volar a través de sus creaciones de múltiples modelos y formas, las más ruidosas las llamadas fugas.

Las petacas de guerra como las bauticé en mi época adolescentes eran como los aviones de las guerras mundiales, de tal modo que habían muchos barones rojos, expertos en ellas y también eran responsables de muchos llantos y rabias por la pérdida del aparato, también de muchas peleas y batallas campales donde hubo dientes rotos y raspones en manos y piernas.

Para quienes vivimos es época, más allá de lo que pudo ser malo o no conveniente, podemos estar felices de una niñez y adolescencia repleta de momentos ingenuos y felices, en una ciudad que no anhelaba ser metrópolis y unos habitantes que se sentían orgullosos de ser parte de ella.

 
 

Nota: En el dialecto maracucho, hablado en el Estado Zulia, Venezuela, la palabra Petaca, identifica lo que en otras regiones y paises llaman, Papagayo, Volantin, Papalote,, etc.